LA COOPERACION CIENTIFICA Y TECNOLOGICA COMO INSTRUMENTO PARA LA INTEGRACION DE AMERICA LATINA

Jesús Sebastián. Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo.
Madrid, España

En el trabajo se pretende analizar diferentes experiencias en el campo de la cooperación científica y tecnológica en el ámbito iberoamericano desde el punto de vista de su contribución e impacto en la integración de América Latina a nivel regional y de América Latina con otras regiones del mundo.

 

COOPERACION E INTEGRACION

 

 

Una primera consideración que es preciso realizar se refiere a la relación entre cooperación e integración.  La cooperación internacional, y en nuestro caso, la cooperación científica y tecnológica, se entiende como todo el conjunto de actividades que, a cualquier nivel, individual, institucional o nacional y a través de múltiples instrumentos, implican una asociación y colaboración para la consecución de objetivos comunes y un beneficio mutuo.  La cooperación científica y tecnológica permite sumar esfuerzos, capacidades y financiación para poder conseguir objetivos y resultados, que en muchos casos no serían posibles o que lo serían en un mayor espacio de tiempo por cada uno de los grupos de investigación, instituciones o empresas participantes en una actividad conjunta.

 

La cooperación internacional da lugar a múltiples resultados tangibles, que en el caso de la cooperación científica y tecnológica son de naturaleza muy variada, pero también a numerosos resultados intangibles que son consecuencia del “valor añadido” que en general existe en toda actividad de cooperación.   Uno de estos resultados intangibles es su contribución a la integración, entendiendo ésta no solamente en un sentido amplio, como integración supranacional de tipo político o económico, sino en un sentido más concreto, a la vinculación y articulación de las comunidades científicas, las instituciones y las empresas de un determinado país, dentro de un marco internacional.

 

La cooperación en sí misma es un instrumento para la integración; en realidad, es el instrumento y la cooperación científica y tecnológica es una de las modalidades de la cooperación que contribuye de una manera decisiva, si bien de una forma a veces poco visible, a la integración a través del conocimiento mutuo, el intercambio de experiencias, las actividades conjuntas, la difusión y transferencia de conocimientos y tecnologías, las alianzas estratégicas, la coordinación de políticas y la cohesión.

 

La cooperación científica y tecnológica favorece la integración, tanto a través de los cambios culturales que se producen en los actores de la misma, como a través de sus productos y resultados.

 

Si bien está claro, desde un punto de vista conceptual e intuitivo, la relación entre cooperación e integración, en la actualidad no disponemos de indicadores precisos que nos permitan relacionar de una manera directa la cooperación científica y tecnológica internacional con la integración regional.  La Unión Europea, que dispone del instrumento más sofisticado para el fomento de la cooperación científica entre los países de la Unión (los programas marco de I+D), está en la actualidad diseñando indicadores que permitan medir el alcance de las colaboraciones y su impacto en la cohesión regional y en la articulación de una comunidad científica e institucional europea, que serían la contribución desde la cooperación científica a la integración de la Unión Europea.

 

Desde la perspectiva de la América Latina se pueden analizar las diferentes dimensiones, estrategias e instrumentos de la cooperación científica para tratar de conocer su impacto directo e indirecto en la integración regional de América Latina y de ésta con otras regiones, en el proceso de creciente tecnoglobalización.

 

Cuando se analizan las tendencias actuales de la cooperación científica y tecnológica internacional se pueden observar algunas de ellas que contribuirán en el futuro a aumentar su impacto sobre la integración.  Entre estas tendencias pueden señalarse la de la propia consolidación de una cultura de la cooperación, la universalización de la cooperación científica y tecnológica, la revalorización de la multilateralidad, la incorporación de todos los actores de los procesos de innovación, públicos y privados en los esquemas de cooperación, el establecimiento de redes e instrumentos flexibles para la cooperación y la revalorización de una política y gestión activa de la cooperación, orientándola para alcanzar metas científicas, tecnológicas, económicas y sociales.  Esas tendencias tienen como consecuencia aumentar el papel estratégico de la cooperación y sus impactos, entre ellos sobre la integración.

 

 

EJES DE LA COOPERACION CIENTIFICA Y TECNOLOGICA

DE AMERICA LATINA

 

 

El análisis de la topografía de la cooperación científica y tecnológica de América Latina muestra su multipolaridad y la existencia de diferentes ejes con diferentes niveles de desarrollo, pero con impactos reales y potenciales sobre la integración.

 

La Fig. 1 muestra los ejes o ámbitos dominantes.  Este esquema nos obliga, en primer lugar, a plantear la necesidad de tener una visión integral y no fragmentada de la cooperación científica y tecnológica de América Latina.  En la actualidad, los condicionantes políticos y los intereses de algunos países y organismos internacionales impiden tener una visión global, que permita una mejor utilización y una mayor coordinación de la cooperación internacional.

 

En la práctica, los ámbitos que se señalan inciden sobre los mismos países de América Latina y en la mayor parte de los casos sobre los mismos actores: consejos u organismos nacionales de ciencia y tecnología, grupos de I+D, universidades, centros de I+D y empresas innovadoras.  Cualquier política para la cooperación de América Latina debe contemplar integradamente estos ejes y cualquier instancia de coordinación supranacional que pueda plantearse no puede basarse en exclusiva en uno de ellos.  Son los propios países los que deben elaborar su estrategia y política para la cooperación internacioal en función de sus objetivos, intereses e instrumentos existentes o que se puedan crear ad hoc en función de estos intereses y adicionalmente, la coordinación de la “oferta de cooperación” debe implicar a todas las contrapartes responsables de esta oferta.

 

La diferenciación de los ejes de la cooperación supone una primera aproximación analítica, que no es sencilla, puesto que no existen disponibles estudios de detalle que permitan tener conclusiones objetivas y evaluaciones imparciales sobre el impacto de los instrumentos y productos de la cooperación de cada uno de éstos.  Por otra parte, el análisis individual de estos ejes debe complementarse con otro sobre sus interrelaciones.

 

En la Fig. 1 se contemplan cinco ejes o ámbitos para la cooperación científica y tecnológica de América Latina.

 

El primer ámbito es el de la cooperación intraregional entre los países de América Latina y que se ejecuta a través de actividades bilaterales y subregionales, tanto dentro de marcos formales (convenios y acuerdos) como interinstitucionales, interempresariales e interpersonales.

 

El segundo ámbito es el de la cooperación hemisférica, que incluye la cooperación de los países de América Latina con Estados Unidos, Canadá y los países del Caribe.

 

El tercer ámbito es el de la cooperación con Europa, tanto a nivel bilateral como con la Unión Europea.

 

El cuarto ámbito es el de la cooperación iberoamericana, que tiene su propia diferenciación respecto a la anterior y que articula la cooperación entre los países de América Latina y de éstos con España y Portugal.

 

El quinto ámbito es el de la cooperación con los países asiáticos del Pacífico.

 

Como toda taxonomía, la diferenciación de los ámbitos descritos no es totalmente nítida.  Por ejemplo, la cooperación con la Unión Europea y, como se ha señalado, la del ámbito iberoamericano, tienen también un componente de cooperación interamericana a través de proyectos y actividades conjuntas.

 

No es sencillo evaluar el peso relativo de cada uno de estos ámbitos de la cooperación, así como su impacto real en la mejora de las capacidades nacionales de ciencia y tecnología, en la modernización de los sistemas productivos, en la calidad de vida y el último término en los procesos de integración.  Existen estudios de tipo descriptivo y analítico sobre el grado e intensidad de las colaboraciones, la movilidad de los científicos, la participación en proyectos y programas de cooperación internacional y sobre algunos productos de la cooperación científica, como las publicaciones conjuntas en revistas científicas.  Si bien estos indicadores aportan información sobre la cooperación, se precisa todavía realizar estudios en profundidad que identifiquen las actividades de cooperación en América Latina con productos concretos de esta cooperación y su impacto.  Estos estudios son necesarios, no solamente desde un punto de vista académico, sino también para optimizar las estrategias, contenidos e instrumentos de la cooperación, tanto desde la óptica de los países, como de los organismos internacionales.

 

Un análisis sencillo que puede ser útil solamente a nivel comparativo, puesto que no refleja de ninguna manera la complejidad de la cooperación es el análisis de las publicaciones científicas conjuntas entre grupos de I+D de América Latina y de éstos con los de otras regiones del mundo.  Este análisis basado en artículos científicos conjuntos que fueron publicados entre 1991-1995 en revistas recogidas en la base de datos del SCI, muestra los resultados de la Tabla 1.

 

Los resultados de la Tabla muestran que la cooperación de América Latina con Estados Unidos y Europa es muy parecida.  Si bien el número de publicaciones conjuntas es ligeramente mayor con Estados Unidos, el impacto de la cooperación —por ciento de publicaciones conjuntas respecto al total de publicaciones—, es mayor en Europa.  Por otra parte, la cooperación entre los países de América Latina es la más baja e incluso menor que la del total de los países de América Latina con España y Portugal.  Debe insistirse una vez más que el indicador de las copublicaciones tiene muchas limitaciones, que han sido analizadas por diferentes autores.  Probablemnte este indicador nos informa sobre relaciones más o menos estabilizadas entre grupos de América Latina y grupos de Estados Unidos y de Europa con los que mantuvieron relaciones en posgrados y estancias posdoctorales y que se mantienen al margen de los programas formales de cooperación, así como de otras relaciones que son productos específicos de programas  diseñados para el fomento de la cooperación bilateral o multilateral.

 

 

LA COOPERACION CIENTIFICA INTERLATINOAMERICANA

 

Un primer capítulo corresponde a la cooperación bilateral entre los países de América Latina.  Casi todos los países tienen suscritos convenios de cooperación científica y tecnológica con el resto de los países, especialmente los de mayor desarrollo relativo en ciencia y tecnología.  La cooperación bilateral da lugar a una serie de resultados que son facilitadores de integración y en consecuencia deberían ser estudiados.  Sin embargo, un análisis detallado de la cooperación bilateral es difícil por la diversidad de fuentes que deben consultarse, por lo que es otro de los temas que quedan pendientes para una investigación en profundidad.   Por otra parte, desde la óptica del impacto de la cooperación en la integración quizás sea más conveniente analizar con más detalle la cooperación que contiene elementos de multilateralidad.

 

Desde el punto de vista de la integración, América Latina como región ha puesto en marcha diferentes iniciativas tendentes a crear espacios económicos transnacionales de ámbito subregional (Mercado Común Centroamericano, Grupo Andino, MERCOSUR), organismos de integración (ALADI, SELA, SIECA) e iniciativas políticas como el Parlamento Latinoamericano, el G-3 y el Grupo de Río, entre otros.   En casi todas estas iniciativas se ha incorporado algún elemento de cooperación científica y tecnológica intrarregional.   Quizá la que tuvo un mayor desarrollo y mejor orientación en el pasado fue la cooperación en el contexto del Pacto Andino, si bien en los últimos años ha disminuido su intensidad, habiendo adquirido mayor protagonismo las iniciativas de cooperación en el marco del MERCOSUR y las que se están elaborando por la Comisión para el Desarrollo Científico y Tecnológico de Centroamérica y Panamá (CTCAP).  En cualquier caso estas iniciativas presentan limitaciones organizativas y financieras que hacen que su impacto sea todavía reducido.

 

Los organismos internacionales del  sistema de Naciones Unidas son otras instancias promotoras de cooperación científica en América Latina a través de iniciativas, proyectos y programas con un componente multinacional.  Debe mencionarse a la CEPAL en el ámbito de la investigación económica y social; a la ONUDI, a través de sus programas en el ámbito industrial y tecnológico; al PNUD, si bien ha reducido sustancialmente sus programas en América Latina y especialmente en el ámbito de la cooperación científica y tecnológica; y a la OPS en el ámbito de la salud y a la Unesco.

 

La Unesco jugó históricamente un importante papel en los años 60 en América Latina proporcionando asistencia técnica para la organización institucional de la investigación científica a través de la creación de los consejos nacionales de ciencia y tecnología.  La Unesco ha sido una importante difusora de la investigación científica en América Latina, habiendo propiciado programas colaborativos y un conjunto de redes disciplinares e institucionales que se han mantenido en el tiempo y que han sido importantes en determinados casos, como la RELAB y la de Reservas de la Biosfera.  Sin embargo, la progresiva reducción de los fondos y posiblemente la ampliación del espectro de acciones y actividades que se han apoyado ha conducido en la actualidad a una cierta dispersión y disminución de su impacto.  Posiblemente hacia el futuro la acción de Unesco en América Latina debería ser la de centrarse en el fomento de la cooperación multilateral en el ámbito de las ciencias básicas, parcela que no está suficientemente atendida por la mayor parte de los instrumentos de cooperación más orientados actualmente hacia la investigación aplicada y la innovación.

 

Un tercer grupo de iniciativas de cooperación en América Latina corresponde a organizaciones que engloban a diferntes países, como la SECAB, entre cuyas actividades se incluye un ámbito de cooperación científica y tecnológica, básicamente promocionando proyectos multinacionales en algunas áreas temáticas.   La cooperación científica aparece en un segundo plano en el programa de actividades que ha definido la SECAB para el período 1996-1999.  El Consejo Latinoamericano de  Ciencia y Tecnología (COLCYT), es otro organismo que engloba consejos de ciencia y tecnología de la mayoría de los países de América Latina.   El COLCYT está actualmente en una etapa de redefinición de sus actividades y puede constituirse en un importante instrumento para el reforzamiento institucional y gerencial de los propios consejos.  En el ámbito del Tratado de Cooperación Amazónica existe un mecanismo específico para la cooperación científica y tecnológica (CECTA) que promueve proyectos conjuntos de I+D en temas de interés para la región amazónica.

 

Otro grupo de instrumentos de cooperación con un impacto real sobre la integración latinoamericana, corresponde a la cooperación institucional a través de convenios entre universidades, entre los que se destaca CINDA, que también tiene un componente europeo; la Asociación de Universidades del Grupo de Montevideo y la Universidad Andina, así  como de asociaciones  latinoamericanas especializadas, como el caso de ALTEC, en el ámbito de la gestión tecnológica y otras correspondientes a algunas disciplinas científicas, como FLACSO y organizaciones académicas como ACAL.

 

Los centros internacionales de I+D son un instrumentos que en su momento se consideró podían ser un buen vehículo para la cooperación científica y la integración.  Se han puesto en marcha, tanto centros con una infraestructura física, como otros que corresponden al concepto de laboratorios sin paredes.   En Centroamérica debe señalarse el ICAITI y el INCAP y, a nivel interamericano, el IICA y centros disciplinares o temáticos como el CLAF, CLAB, CIET, CIAT, CIP y el Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología.

 

A comienzos de los 90 se pudieron en marcha en América Latina dos nuevas iniciativas para la cooperación latinoamericana, el Mercado Común del Conocimiento y el Programa Bolívar.  Cada una de estas iniciativas fue lanzada con el apoyo político del presidente de un país y su evolución pesenta aspectos que es interesante analizar para conocer mejor las oportunidades y dificultades de la cooperación científica y tecnológica en América Latina.

 

El Mercado Común del Conocimiento fue lanzado por el presidente de Uruguay, Alberto Lacalle, que fue inicialmente su principal difusor y garante.   Los primeros documentos que describen esta iniciativa de cooperación muestran unos objetivos sumamente amplios y ambiciosos, tratándose de cubrir prácticamente todos los aspectos, desde la organización y gestión de la ciencia y la tecnología, hasta la innovación. pasando por la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la formación de recursos humanos.  El Mercado Común del Conocimiento se plantea como una iniciativa de cooperación para América Latina capaz de movilizar al conjunto de la I+D de la región.  Desde muy pronto dos organismos internacionales se asociaron a esta iniciativa con objetivos diferentes, la Unesco y la OEA, e incluso durante algún tiempo convivieron dos siglas diferentes: MECCO-Unesco y MERCOCUT-OEA.  La OEA tomó finalmente las riendas de la organización y gestión de esta iniciativa, cuyo desarrollo posterior como instrumento para el fomento de la cooperación multilateral en América Latina ha sido relativamente pequeño y su impacto en la comunidad científica muy bajo.

 

Varias causas pueden justificar estos resultados.  Por una parte, el origen unilateral de la iniciativa y la adopción del Programa por parte de la OEA, tuvo como consecuencia que los responsables de ciencia y tecnología de los países latinoamericanos no adquirieran un compromiso especial y más bien mostraran una cierta frialdad.  En segundo lugar, la amplitud de los objetivos ha dado lugar a una dispersión de microactividades, que pueden haber tenido una cierta visibilidad pero con un escaso impacto real.  En tercer lugar, la ausencia de un compromiso financiero.  Ni la OEA ni los países de América Latina han aportado recursos proporcionales a la magnitud de los objetivos.

 

La experiencia de MERCOCYT indica tres debilidades que es preciso superar en cualquier planteamiento de cooperación multilateral.  En primer lugar, se precisa un compromiso y consenso inicial de todas las contrapartes, dentro de una cultura de participación.  En segundo lugar, una concreción realista de los objetivos, y, en tercer lugar, la existencia de una financiación acorde con los mismos.   A estos prerrequisitos habría que añadir otros dos para el buen desarrollo de una iniciativa de cooperación multilateral: un modelo adecuado de gestión y un mecanismo que facilite la generación de actividades de “abajo a arriba”,  para impedir que los instrumentos de cooperación se estanquen en un plano superestructural.

 

Recientemente, en la Cumbre Hemisférica de Ministros Responsables de Ciencia y Tecnología se ha otorgado un nuevo papel al MERCOCYT como instrumento de gestión del plan de acción aprobado en dicha Cumbre, quedando todavía por definirse si MERCOCYT en el futuro compatibilizará sus funciones de gestión con las de promoción y financiación de las actividades de cooperación que puedan ponerse en marcha en la ejecución del plan de acción.

 

La segunda iniciativa es el Programa Bolívar.  En este caso, el lanzamiento fue realizado en 1992 por el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez.  El objetivo inicial del Programa Bolívar era favorecer la cooperación y la integración tecnológica en base a proyectos conjuntos entre empresas con un componente transnacional.  El esquema conceptual era parecido al EUREKA, iniciativa europea, y a IBEROEKA, instrumento del Programa CYTED puesto en marcha en 1990 en el ámbito iberoamericano.  El Programa Bolívar consiguió un importante aporte financiero del BID para la puesta en marcha de una cadena de entidades de promoción y gestión de la iniciativa: secretariado, comisiones nacionales, oficinas enlace, antenas, convenios, centros de referencia.  Durante estos años y convertido el Programa en una Organización no Gubernamental, se ha desarrollado una intensa labor de difusión y promoción de la iniciativa, que sin embargo se ha traducido, hasta el momento, en un limitado número de proyectos conjuntos de coinversión entre empresas latinoamericanas.

 

Probablemente la dificultad para concretar acuerdos entre empresas latinoamericanas que impliquen un componente de I+D se debe, tanto a la escasa cultura de innovación e internacionalización de la mayoría de las pymes latinoamericanas, como a la ausencia de mecanismos de financiación para los potenciales proyectos conjuntos, puesto que el financiamiento del Programa Bolívar no contempla fondos para la financiación de los proyectos, sino solamente para el mantenimiento de la infraestructura de gestión y difusión.  Estos condicionantes han conducido a una apertura del Programa Bolívar a cualquier iniciativa de cooperación empresarial transnacional y no necesariamente a proyectos en el ámbito del desarrollo tecnológico y la innovación, como inicialmente fue concebido el Programa.

 

Probablemente la enseñanza que proporciona el Programa Bolívar es que todavía es necesaria en América Latina una intensa labor en favor de la introducción de una cultura de la innovación en el mundo empresarial.  En segundo lugar, que para optimizar la relación costo/beneficio de los programas de cooperación, es preciso ir ajustando lentamente las estructuras de gestión a la demanda real y en tercer lugar, que conviene solucionar desde el comienzo lo que pueden ser cuellos de botella para el éxito de una iniciativa, como en el caso del Programa Bolívar la financiación y la conexión con los organismos que en cada país tienen la función de la promoción del desarrollo tecnológico y la innovación en las empresas y que pueden tener, en los países en que existe, la llave para la financiación de empresas nacionales que participan en proyectos de cooperación internacional.

 

Finalmente, no es posible analizar la ciencia y la tecnología en América Latina sin hacer una mención al BID.  Este Banco ha jugado un papel fundamental en el financiamiento del desarrollo de la infraestructura y de las actividades de I+D.  En los últimos 20 años más de 3 mil millones de dólares   se han desembolsado por el Banco en préstamos a varios países de América Latina.  El papel del BID en la promoción de la cooperación internacional en América Latina ha sido, sin embargo, muy reducido.  En primer lugar, el BID es un banco y se relaciona con los países en su calidad de prestatario.  Su vocación y cultura es la bilateralidad.  El apoyo a la cooperación regional precisaría modificar algunos procedimientos de gestión y negociación del BID.  Una alternativa es la utilización de fondos de cooperación no reembolsables, que son ciertamente limitados, estando la experiencia de su uso  pendiente de una rigurosa evaluación costo/beneficio.

 

En 1996 se ha creado un novedoso instrumento para el financiamiento de la cooperación en investigación agrícola: el Fondo Regional de Investigación y Desarrollo Tecnológico Agropecuario, que habrá que observar en el futuro.  Es preciso también despejar la incertidumbre existente actualmente en el BID sobre su acción futura en el ámbito de la ciencia y la tecnología.  La supresión del departamento que atendía este ámbito en la última reestructuración del Banco ha sido una mala señal para América Latina, pero sin embargo es posible que a corto plazo se vuelva a reconocer por el BID el papel de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la cooperación en estos ámbitos para el desarrollo social y económico de América Latina.

 

Como apoyo a la cooperación internacional se han puesto en marcha en América Latina diversas bases de datos y redes de información científica y tecnológica cuya utilidad y utilización están pendientes de una evaluación.

 

El conjunto de los instrumentos que se han comentado, más otros de ámbito hemisférico o iberoamericano que se analizarán más adelante y que implican una intensa actividad interamericana, permiten asegurar que existen múltiples posibilidades, si bien con limitaciones en cada caso, para favorecer una intensa interrelación entre los organismos de ciencia y técnica, las instituciones y las comunidades científicas de los países de América Latina.

 

Probablemente la realidad de estas interrelaciones y cooperación supera los datos de los indicadores bibliométricos, que como hemos visto en la Tabla 1, mostraban  una menor actividad de copublicación entre laboratorios y centros de los propios países de América Latina en comparación con la de otras regiones del mundo.  En cualquier caso, el indicador de las copublicaciones es un indicador relativo que ofrece información relevante en relación a la geografía de la cooperación.

 

La Tabla 2 muestra las copublicaciones entre los países de América Latina.  El 70% de las copublicaciones pertenecen a cuatro países: Brasil, Argentina, México y Chile, destacándose los ejes Brasil-Argentina, Brasil-Chile, Brasil-México, Argentina-Chile, Colombia-México y Cuba-México.

 

La Tabla 3 muestra un dato positivo en relación con la cooperación interlatinoamericana.  El número de copublicaciones ha crecido anualmente en el período 1991-1995, si bien su porcentaje sobre el total de la producción científica está estabilizado en torno al 2,6-3,0%, debido a un crecimiento paralelo del total de publicaciones.

 

Cuando se considera la producción nacional puede observarse que las copublicaciones entre los países de América Latina suponen un porcentaje importante en algunos países, lo que señala un fuerte impacto de la cooperación.  Este es el caso de Colombia, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, donde representa más del 15% del total de publicaciones nacionales.

 

La interpretación de los datos bibliométricos requiere un mayor conocimiento de otros indicadores del impacto de la cooperación que muestren las interacciones y colaboraciones reales entre las comunidades científicas de los países de América Latina, la que, como se ha señalado anteriormente, puede ser muy intensa al margen de los canales formales de la cooperación, siendo en este sentido muy importante conocer la opinión de los usuarios y de la comunidad científica, tecnológica y empresarial.   Probablemente en la actualidad la visión de la cooperación interlatinoamericana está sesgada por la óptica exclusiva de los ONCYTs y de los responsables de los organismos y programas internacionales.   Esta visión puede conducir a una valoración superestructural y política de la cooperación, más que a una valoración de los resultados e impactos reales de la misma.  En cualquier caso, la cooperación interlatinoamericana sigue teniendo una potencialidad que todavía no se ha explotado al máximo y debería ser un objetivo político por los beneficios que aporta a los países y a la integración regional.

 

 

EL EJE DE LA COOPERACION HEMISFERICA

 

En ciencia y tecnología, como en la mayoría de los otros ámbitos, el espacio hemisférico americano se caracteriza por la asimetría.  La presencia de Estados Unidos introduce en este espacio un polo extremadamente dominante, que plantea importantes oportunidades y algunos condicionantes para la cooperación científica.

 

La potencia y los intereses de los Estados Unidos, cuyo sector de ciencia y tecnología es varias veces mayor que la suma del resto de los países de América, condiciona cualquier iniciativa de cooperación que realmente sea hemisférica.   Por otra parte, Estados Unidos ha tendido a tener más preferencias por la cooperación bilateral que por la multilateral, sea en el plano subregional o hemisférico.  El tímido compromiso de Estados Unidos en la recientemente celebrada Cumbre Hemisférica de Ministros Responsables de Ciencia y Tecnología señala el relativo interés de este país por potenciar la cooperación hemisférica.

 

Alternativamente, la OEA, como organismo hemisférico, ha tenido un relativo impacto en el fomento de una cooperación científica y tecnológica multilateral, estando en este momento en un proceso de definición de su futuro papel en el ámbito de la cooperación y epecialmente en la cooperación científica y tecnológica que hace prematuro avanzar conclusiones.

 

En el plano bilateral, Estados Unidos y Canadá han mantenido relaciones de cooperación con los países de mayor desarrollo de América Latina, siendo especialmente intensos los flujos de estudiantes graduos y de científicos.  La cooperación ha estado también potenciada por la numerosa comunidad científica latinoamericana establecida en universidades y centros   de I+D de Estados Unidos.  En cuanto a las prioridades temáticas, los intereses de Estados Unidos para la cooperación con América Latina se han centrado en unos pocos temas, entre los que se destacan el cambio global y la biodiversidad.

 

El análisis de las copublicaciones entre Estados Unidos y América Latina, muestra una intensa cooperación que probablemente está basada en relaciones personales entre científicos, más que en el desarrollo de acuerdos o programas de cooperación, siendo en este último caso, la NSF una de las principales contrapartes norteamericanas.  La Tabla 4 muestra que las copublicaciones con USA suponen un alto porcentaje del total de publicaciones nacionales de países como Brasil, Chile, México y Venezuela.  El impacto de la cooperación con USA es todavía más espectacular en los países de menor desarrollo científico, como Panamá, República Dominicana, Honduras, Guatemala y El Salvador.  En todos los cuales las copublicaciones con Estados Unidos suponen más del 50% del total de publicaciones de estos países.

 

Canadá, a través de su Consejo de Ciencia y Tecnología y del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC/CIID), ha tenido una importante presencia en los países del hemisferio, promocionando redes de investigación, redes para transferencia e intercambio de información, así como proyectos de investigación, tanto de carácter bilateral como multilateral.

 

En el plano subhemisférico debe mencionarse la ausencia de objetivos comunes de cooperación científica y tecnológica en el Tratado de Libre Comercio (TLC/NAFTA),  si bien se ha tratado de impulsar una cooperación entre Canadá, México y Estados Unidos a través de un Convenio NSF-CONACYT-NSERC que está comenzando a implementarse.

 

Entre las asociaciones hemisféricas puede destacarse Interciencia, como marco de interacción de las comunidades científicas, a través de sus asociaciones para el avance de la ciencia.

 

La OEA es el organismo que, excepto por la desvinculación actual de Cuba, ofrece el marco adecuado para el fomento de una cooperación hemisférica entre los países del Continente Americano y del Caribe.  El precedente de la acción de la OEA se remonta a 1968 con la creación del Programa Regional para el Desarrollo Científico y Tecnológico, que introdujo unas bases conceptuales novedosas en la región en cuanto a una cooperación científica multilateral y complementaria, si bien el modelo de gestión y movilización de los fondos introdujo con el tiempo distorsiones que han impedido pasar de una multilateralidad formal a otra real.  La compartimentalización de los fondos en “cuotas nacionales”, las diferencias entre el marco global de los proyectos multinacionales y su ejecución en base a proyectos nacionales, las vicisitudes en las diferentes instancias políticas y técnicas de gestión y la disminución progresiva de los fondos, son algunas de las causas que con el paso del tiempo impidieron a este Programa tener un impacto significativo en propiciar una cooperación realmente multilateral e integradora.  De otro lado, la participación de los centros de I+D de Estados Unidos y Canadá fue nula, limitándose estos países a realizar la aportación de fondos para el presupuesto general de la OEA.

 

En los últimos meses se está procediendo a una reestructuración de este Organismo.  La creación del Consejo Interamericano de Desarrollo Integral (CIDI) en sustitución de otras estructuras supone un intento de reorganización funcional y redefinición de prioridades dentro de un marco de “cooperación solidaria para el desarrollo”.  El papel de la cooperación científica y tecnológica en la agenda de la OEA y el futuro del Departamento de Asuntos Científicos y Tecnológicos son temas que se están definiendo en la actualidad.  Un posible impulso político para la OEA puede provenir de la Cumbre Hemisférica de Ministros Responsables de Ciencia y Tecnología celebrada en 1996 en Cartagena de Indias, que ha dado un mandato a este organismo en la gestión del Plan de Acción.

 

La Cumbre de Cartagena ha reconocido la importancia y necesidad de la cooperación para el desarrollo científico y tecnológico en el hemisferio y como un factor clave para complementar los esfuerzos nacionales.  Este importante foro para la integración científica y tecnológica hemisférica, con la sola ausencia de Cuba, aprobó una Declaración y un Plan de Acción que incluye los objetivos de desarrollar una cooperación científica y tecnológica en los países del hemisferio, fortalecer las interfases entre la ciencia, la tecnología y el desarrollo, incluyendo el desarrollo social, así como el fomento de la innovación y el desarrollo sostenible.

 

En la Cumbre han quedado abiertos importantes puntos, como la concreción de las actividades dentro de un menú muy amplio y genérico de objetivos que se relacionan en la Declaración, así como los mecanismos concretos de financiación de estas acciones, temas que quedan pendientes y cuya solución será el test real de la voluntad e interés de los países por propiciar y consolidar un complejo sistema participativo y consensuado de cooperación hemisférica en torno a iniciativas ya existentes y a otras que se puedan crear.

 

La consolidación de este sistema de cooperación requerirá contemplar los diferentes intereses de los países, diseñar instrumentos de cooperación adecuados para todos, asegurar un financiamiento para sostener los programas y especialmente, establecer unos mecanismos de gestión flexibles, que no estén mediatizados en exceso por las estructuras administrativas y diplomáticas de la OEA, principal organismo de gestión, con el Consejo del MERCOCYT, del Plan de Acción de la Cumbre de Cartagena.  Finalmente, si realmente se contempla una cooperación hemisférica se debe comprometer y asegurar una participación activa de los centros de I+D y de los investigadores de Estados Unidos y Canadá.

 

 

EL EJE DE LA COOPERACION

DE AMERICA LATINA CON EUROPA

 

Los países europeos han sido y son en la actualidad una contraparte importante para América Latina en el ámbito de la cooperación científica.   Las relaciones personales, institucionales y gubernamentales han propiciado flujos de cooperación que justifican que el análisis de copublicaciones (Tabla 5) demuestre que la cooperación con Europa de países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba y Uruguay, sea mayor que con Estados Unidos; que la de otros países como Venezuela, sea casi igual y que la de países con una fuerte interacción con USA como México, muestren una diferencia de copublicaciones entre este país con USA y Europa menor de la esperada.

 

La cooperación entre los países europeos y los de América Latina se ha desarrollado tradicionalmente dentro de los marcos bilaterales.  El 75% de las copublicaciones corresponden a Francia, Reino Unido, Alemania y España, siendo Brasil, Argentina, México y Chile los cuatro países de América Latina que tienen una mayor cooperación.

 

La cooperación bilateral se ha reforzado con la cooperación estructurada en el ámbito de la Comunidad Europea primero,  y de la Unión Europea actualmente.

 

La incorporación de América Latina al ámbito de la cooperación para el desarrollo de la Comunidad Europea se produjo en 1976, en que se aprobó una línea presupuestaria para financiar cooperación no reembolsable con algunos países de Asia y América Latina (PVD ALA).  Durante los años 80 y comienzos de los 90 la cooperación científica y tecnológica se encuentra incorporada dentro de la cooperación económica, estando orientada a la capacitación y movilidad de recursos humanos y el desarrollo conjunto de investigación científica y tecnológica.  De una manera esquemática puede señalarse que hasta muy recientemente la cooperación científica comunitaria con América Latina se desarrolló dentro de un  doble marco: por un lado, el Programa Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (STD), incluido en el II (1987-1991) y III (1991-1994) Programa Marco de I+D, con un carácter de programa abierto y de oferta.  Por otro lado, las actividades de cooperación con terceros países a través de acuerdos de cooperación bilaterales o subregionales, como es el caso del Pacto Andino, Centroamérica y MERCOSUR.  La gestión en la Unión Europea del STD le ha correspondido a la DG-XII (Investigación) y la de los acuerdos a la DG-I (Cooperación).

 

El STD ha sido durante casi diez años un instrumento para financiar actividades de capacitación e intercambio de investigadores y proyectos conjuntos de I+D entre grupos de investigadores de los países europeos y de América Latina en temas relacionados con la agricultura tropical y subtropical, los recursos naturales y la medicina y salud.  El STD ha movilizado importantes recursos financieros, si bien la participación de América Latina estuvo por debajo de sus potencialidades comparada con la de otras regiones del mundo, también participantes en el STD.

 

El segundo instrumento histórico de la cooperación científica de la Unión Europea se inscribe dentro de los acuerdos bilaterlaes y subregionales, en los que los contenidos específicos de la cooperación se han negociado en la fase de elaboración de estos acuerdos y posteriormente en las correspondientes comisiones mixtas.  A través de estos instrumentos se ha podido realizar una cooperación diferenciada y mutuamente acordada, lo que ha supuesto un indudable beneficio para los países de América Latina.

 

Con la entrada en vigor de las nuevas orientaciones de cooperación en la Unión Europea y del IV Programa Marco de I+D, se ha profundizado en la tendencia de incorporar la mayor parte de la cooperación científica de la Unión Europea con terceros países en la establecida en el IV Programa Marco de I+D, perdiendo peso la auspiciada dentro de los acuerdos bilaterales y subregionales.  De esta manera, en 1994 se aprueba el programa INCO, como una línea de acción del IV Programa Marco para el período 1994-1998, con un menú fijo y limitado de temas y un presupuesto incial para la cooperación con países en desarrollo de unos 230 millones de ECUS (280 millones de dólares).  Esta tendencia se ha compatibilizado, sin embargo, con la presencia de un capítulo dedicado a la cooperación científica y tecnológica en los últimos acuerdos de la Unión Europea con MERCOSUR (1995) y con Chile (1996), estando pendiente de conocerse la forma de su instrumentalización.

 

El marco actual de la cooperación científica de la Unión Europea se basa en una oferta cerrada de temas y de instrumentos de cooperación, con el consiguiente debilitamiento de la capacidad de negociación y consnsuación de la misma.   América Latina es considerada homogéneamente y al mismo nivel que los países de Africa y Asia, con la consiguiente falta de diferenciación temática y presupuestaria, lo que ha conducido a una cierta insatisfacción por parte de los países de América Latina.

 

Con objeto de evaluar la situación actual de la cooperación científica entre la Unión Europea y América Latina, con ocasión de la presidencia de España de la UE y con la colaboración del Programa CYTED, se organizó en octubre de 1995, en Madrid, la I Conferencia Iberoamérica-Unión Europea de Cooperación Científica y Tecnológica, en la que se analizó conjuntamente entre las máximas autoridades de los países de América Latina y de la Unión Europea la situación actual y las vías para modificar en el futuro los lineamientos de la cooperación.  Fruto de esta reunión ha sido la constitución de un “Grupo de Trabajo” que ha comenzado ya a reunirse, compuesto por representantes de países de América Latina y de la Comisión Europea, para producir orientaciones para el futuro de la cooperación, con relación a estrategias, contenidos e instrumentos.  El trabajo de este Grupo será analizado en noviembre de 1996 en una II Conferencia y  es de esperar que sus resultados tengan un impacto positivo en la elaboración del V Programa Marco de I+D.   Con estas acciones se pretende que una cooperación bien estructurada y con un margen importante de financiación sea lo más útil posible para América Latina, bajo el principio del beneficio mutuo y la coparticipación.

 

Además de la cooperación científica que se canaliza por el Programa INCO, existen otras iniciativas en la Unión Europea que inciden en este tipo de cooperación.  La DG-I ha puesto en marcha el Programa ALFA para la constitución de redes euro-latinoamericanas de universidades, que pueden jugar un importante papel en la constitución de grupos de trabajo conjuntos entre varios países para el desarrollo de proyectos de I+D.

 

En el ámbito de la cooperación universitaria cabe señalar el Programa COLUMBUS, que también recibe financiamiento de la Unión Europea.  Igualmente, otras direcciones generales de la UE han propiciado actividades de cooperación tecnológica de las que se han beneficiado los países de América Latina, como el Proyecto IBERCHIP/CYTED.

 

Como conclusión, puede señalarse que la Unión Europea es un socio importante con una sólida tradición de colaboración y con un fuerte potencial para la cooperación con América Latina.  Los indicadores bibliométricos señalan que entre 1991 y 1995 las copublicaciones de América Latina con los países de la UE han crecido anualmente hasta duplicarse en los cinco años.  Este indicador muestra una tendencia muy positiva y señala que todavía no se ha llegado a un estancamiento en la cooperación.  En comparación con las copublicaciones con Estados Unidos, la Tabla 6 muestra que, aunque también han aumentado, el incremento ha sido menor, siendo en 1995 las copublicaciones de América Latina inferiores con USA (2 277) que con la Unión Europea (2 347).

 

La cooperación científica entre América Latina y la Unión Europea es una buena base para favorecer los nuevos tipos de acuerdos que suponen una mayor integración de América Latina con la UE, como los suscritos recientemente con MERCOSUR y Chile y el que se está negociando con México.

 

 

EL EJE DE LA COOPERACION IBEROAMERICANA

 

El ámbito iberoamericano tiene una singularidad cultural, histórica y política.  Además, existen instrumentos específicos para favorecer la cooperación científica y sentar las bases de una comunidad científica iberoamericana.  Los aspectos culturales e históricos son lo suficientemente obvios como para no insistir sobre ellos y el marco político lo constituyen desde 1991 las cumbres iberoamericanas de jefes de estado y de gobierno que se celebran anualmente en alguno de los países iberoamericanos.

 

España y Portugal han favorecido la cooperación científica con los países de América Latina, siendo en el caso de Portugal más intensa con Brasil y en el caso de España con todos los países, con quienes se han establecido acuerdos de coooperación.  La formación de recursos humanos, el intercambio de investigadores y los proyectos conjuntos de I+D son los principales instrumentos de la cooperación bilaterla.  Fruto de estos acuerdos, en los últimos veinte años, se han movilizado miles de científicos, profesores y profesionales entre América Latina y España, que han participado en programas de becas, intercambios y proyectos de investigación, generándose una sólida cultura de cooperación iberoamericana.

 

Desde el punto de vista de la cooperación multilatral, el principal instrumento es el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo.   El Programa CYTED fue creado en 1984 por los 21 países iberoamericanos a través de un acuerdo marco, como un programa multilateral para el fomento de la cooperación científica, tecnológica y para la innovación.  En la actualidad participan como organismos internacionales observadores el BID, CEPAL, OEA y Unesco.   Desde 1992 CYTED se encuentra integrado entre los programas de cooperación de las cumbres iberoamericanas de jefes de estado y de gobierno.

 

El objetivo del programa CYTED es favorecer la cultura de la cooperación como un instrumento estratégico para mejorar y complementar las capacidades nacionales en ciencia y tecnología, internacionalizar los sistemas nacionales de innovación, contribuir a la modernización institucional y favorecer el desarrollo de una comunidad científica iberoamericana.

 

Para conseguir estos objetivos, el Programa CYTED se centra en el fomento de la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico para la obtención, a través de actividades de I+D multilaterales, de resultados transferibles a los sistemas productivos y a las políticas sociales.  Estas actividades de I+D se complementan con otras en el ámbito de la gestión tecnológica y de la innovación.

 

Las modalidades de cooperación que se desarrollan en el Programa CYTED son: redes temáticas, que facilitan la interacción, cooperación y transferencia de conocimientos y tecnologías entre grupos de universidades, centros de I+D y empresas que trabajan en temas similares; proyectos de investigación precompetitiva, que facilitan la ejecución de proyectos con objetivos aplicados a través de la colaboración entre grupos de diferentes países y los proyectos de innovación IBEROEKA, que facilitan la cooperación entre empresas de diferentes países a través de proyectos conjuntos que están enfocados al aumento de la productividad y de la competitividad de las industrias, así como a la transferencia de los resultados de la investigación a los sectores productivos.  Estas modalidades de cooperación se desarrollan en 15 prioridades temáticas (subprogramas).

 

En el Programa CYTED se han puesto en marcha 49 redes temáticas, 62 proyectos de investigación precompetitiva y han sido certificados 60 proyectos de innovación IBEROEKA.  En estas actividades participan unos 8 700 científicos y tecnológos pertenecientes a 260 universidades, 582 centros de I+D y 248 empresas.  Estos datos señalan al Programa CYTED como la mayor red de cooperación científica y tecnológica en Iberoamérica.

 

El Programa CYTED  se financia a través de un mecanismo dual.  Por una parte los países participantes financian a través de sus mecanismos nacionales a los grupos de I+D participantes en las actividades multilaterales del CYTED y, por otra parte, el Programa dispone de un presupuesto específico para el  financiamiento de las actividades de colaboración y cooperación: reuniones de coordinación de redes y proyectos, fases previas para la elaboración de proyectos de IBEROEKA, movilidad de investigadores, realización de experimentos conjuntos, capacitación de recursos humanos, publicaciones y actividades de difusión tecnológica.   El CYTED moviliza unos 150 millones de dólares, que es el costo estimado de los proyectos de investigación precompetitiva y proyectos de innovación IBEROEKA puestos en marcha.  Del total de la financiación movilizada por el Programa, la mayor parte de los aportes proceden de organismos públicos, calculándose un 20% del sector privado, especialmente en los proyectos de innovación IBEROEKA.

 

El presupuesto específico del Programa se nutre a partir de 1993 de aportaciones de países participantes.  Hasta esa fecha, prácticamente la totalidad procedía del Gobierno de España, pero a partir de 1993 la Asamblea General del CYTED acordó una estrategia de cofinanciación  que se está implementando progresivamente mediante aportaciones que se basan en una serie de indicadors de participación de cada uno de los países en el Programa.  El presupuesto específico del CYTED para el año 1996, es de 5,2 millones de dólares.

 

Cabe señalar que el último informe de evaluación del Programa realizado en 1992 por un comité de expertos externo, consideró al  CYTED como uno de los programas intrnacionales de cooperación científica y tecnológica que presenta una mejor relación costo/beneficio.  Posiblemente esta condición se debe a que todo el presupuesto específico del Programa se dedica al financiamiento de actividades.  El CYTED no ha generado ninguna estructura de gestión ad hoc, sino que utiliza los organismos e instituciones de la región, tratando de sumar lo existente.  Por otra parte, la gestión del CYTED está muy descentralizada y en la coordinación de las redes y proyectos participan más de 100 científicos y tecnólogos de los  países iberoamericanos sin recibir ninguna compensación económica, asumiéndose la cultura de la generosidad que ha caracterizado al CYTED.

 

Desde el punto de vista organizativo, la mayor contribución del CYTED a la gestión de la cooperación internacional, ha sido su modelo organizativo conocido como “modelo bicicleta” en el que están separados el marco político institucional y el marco funcional.   El marco político institucional lo componen los 21 organismos signatarios, uno por país, que tienen la responsabilidad de la dirección del Programa a través de la Asamblea General y del Consejo Técnico Directivo, así como la difusión, gestión y cofinanciación del Programa a nivel nacional.  El marco funcional lo componen los coordinadores internacionales de los subprogramas que son nombrados por la Asamblea General tras un concurso internacional.  Los coordinadores internacionales tienen una  gran autonomía para la elaboración de las propuestas de redes y proyectos, así como en la coordinación y gstión del subprograma.  Estos coordinadores internacionales son apoyados por los coordinadores internacionales de redes y proyectos.

 

La gestión de los proyectos de innovación IBEROEKA se realiza a través de la Red Iberoamericana de Organismos Gestores de IBEROEKA, integrada por un organismo de cada país, usualmente el que tiene la responsabilidad de la difusión y financiamiento de la innovación tecnológica.  La representación, gestión global y coordinación del CYTED la realiza la Secretaría General, compuesta por un secretario general, un secretario técnico y un secretario adjunto; este último tiene carácter rotativo y es ejercido por el país sede de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

 

En los 12 años en que se viene desarrollando el CYTED se han podido contabilizar numerosos resultados tangibles e intangibles.  Entre los primeros se puede señalar la generación de conocimientos científicos y tecnológicos en áreas estratégicas, la producción científica objetiva, el desarrollo de tecnologías de interés para determinados sectores industriales, el desarrollo de paquetes tecnológicos, la difusión y transferencia tecnológica en diversos sectores, la asistencia técnica en la gestión de la I+D, además de la capacitación de recursos humanos, la elaboración de estudios prospectivos y numerosas publicaciones.

 

Entre los resultados intangibles se pueden destacar cuatro: la capacidad de movilización para la I+D, la articulación de los actores de los procesos de innovación a nivel iberoamericano, la integración de los países de menor desarrollo en la cooperación científica internacional y la revalorización de la cooperación sur-sur, además de una contribución, difícil de cuantificar, pero reconocida por los países en favor de la cohesión e integración iberoamericana.

 

La experiencia del CYTED es interesante desde el punto de vista de la organización y gestión multilateral.  El Programa surgió como una iniciativa de la comunidad científica que logró convencer al poder político para su implementación.  El origen de “abajo-arriba” que existe en la cración del Programa, ha permanecido en el conjunto de la “cultura CYTED” y le ha dado gran fortaleza al Programa.   Por otra parte, a lo largo del tiempo ha existido un progresivo compromiso por parte de los organismos de ciencia y tecnología de los países iberoamericanos.  El pasar de un modelo de financiación del presupuesto específico del Programa en el que participa solamente España a otro compartido por casi todos los países, supone un importante grado de maduración y de convencimiento gradual de la utilidad del CYTED.  Otros aspectos que pueden señalarse como positivos son: la focalización de los objetivos del Programa y de sus actividades, el aprovechamiento y explotación del valor de la multilateralidad, la dualidad organizativa, la descentralización de la gestión, el establecimiento de instrumentos de cooperación flexibles y de actividades “a la carta”, la gran versatilidad de las redes de I+D y, como se ha señalado, el carácter participativo dentro de una cultura de “abajo-arriba”.

 

También es posible señalar obstáculos y limitaciones, como son:   la percepción del CYTED todavía en algunos países como un programa de la cooperación externa, el desigual compromiso de los organismos signatarios en la gestión, cofinanciamiento y utilización de las oportunidades que ofrece el Programa, las dificultades para convivir en algunas ocasiones con el “modelo bicicleta”, las dificultades de financiación de los grupos nacionales y la falta de continuidad a lo largo de la participación en los proyectos multilaterales, las dificultades para la transferencia de conocimientos y tecnologías y la escasa cultura de innovación e internacionalización de las empresas latinoamericanas.   De hecho, la experiencia de IBEROEKA señala el importante papel movilizador de las empresas españolas.

 

El potencial de crecimiento del CYTED es todavía muy amplio debido a la descentralización de su gestión y al creciente interés en establecer proyectos en otras temáticas que no están contempladas en la actualidad en el Programa.   Para establecer un escenario para el desarrollo del CYTED en los próximos diez años, recientemente un “grupo de reflexión” ha elaborado la “Agenda 2004 del Programa CYTED”, en la que se analizan los problemas del desarrollo, el papel de la cooperación y la nueva concepción de la innovación, junto a una serie de propuestas para profundizar en la función social del CYTED.

 

Como en los casos anteriores, es interesante analizar los indicadores bibliométricos para evaluar la cooperación científica de España y Portugal con América Latina, ya que la cooperación interamericana, en la que el Programa CYTED es un valioso instrumento, se ha analizado previamente.  En la Tabla 7 se muestran las copublicaciones de España y Portugal con cada uno de los países de América Latina.  Uno de los datos interesantes, es que España es el primer socio europeo de Argentina, es prácticamente equiparable con Alemania, en el caso de Chile y es el segundo socio de México.  En el caso de Portugal, casi la totalidad de las publicaciones son con Brasil.

 

Si se analiza el número de copublicaciones de América Latina a lo largo del período 1991-1995 (Tabla 8) se observa que con España pasan de 185 a 489 y con Portugal pasan de 18 a 73.  Estos incrementos se han producido de una manera continua a lo largo de los cinco años, por lo que señalan una tendencia que puede prolongarse en el futuro.  Será preciso realizar estudios de detalle para conocer si el incremento de las publicaciones y en consecuencia de la cooperación, es un reflejo directo de los programas de cooperación bilateral, de los proyectos conjuntos con otros socios europeos en proyectos de la Unión Europea o con socios latinoamericanos en el Programa CYTED.

 

EL EJE DE LA COOPERACION CON LOS PAISES ASIATICOS DEL PACIFICO

 

En el momento actual este eje es casi un eje virtual de cooperación.  Algunos países de América Latina han comenzado a enviar delegaciones prospectivas a Japón, China, Corea y otros países asiáticos con vista a iniciar algún tipo de cooperación que supere la ayuda y asistencia técnica que Japón ha proporcionado a América Latina a través de su Agencia para el desarrollo.

 

 

EL FUTURO DE LA COOPERACION COMO VECTOR  DE LA INTEGRACION

 

El análisis de las experiencias pasadas y actuales de la cooperación nos señala elementos para optimizar este instrumento estratégico para el desarrollo científico y tecnológico de cada país y de cada región, así como para favorecer la inserción en el mundo.

 

El reconocimiento del papel estratégico de la cooperación, la comprensión de su complejidad y el fortalecimiento de las capacidades para su gestión, son prerrequisitos para beneficiarse de las oportunidades de la misma.  Se precisa una actitud activa, superando el prejuicio cultural que todavía existe en muchos países de asociar cooperación con ayuda externa.  En la medida en que la cooperación se utilice como un instrumento de la política nacional para alcanzar dos tipos de objetivos, uno interno, el fortalecimiento de las capacidades nacional y otro externo, favoreciendo la inserción e internacionalización del país, la cooperación adquirirá su verdadera dimensión estratégica.

 

Por su parte, la complejidad y multipolaridad de la cooperación es paralela a la multipolaridad de las relaciones económicas y políticas internacionales, donde los procesos de integración en esquemas de regionalismos abiertos y múltiples son una necesidad para situarse en el contexto de la globalización.  La cooperación científica y tecnológica de América Latina, a través de la optimización de los diversos ejes que se han descrito, es un instrumento que, en mayor o menor medida, puede contribuir a estos procesos.

 

  Fig. 1  LOS EJES DE LA COOPERACION C y T DE AMERICA LATINA

 


  Los datos de las Tablas 1-8 han sido obtenidos en un estudio bibliométrico encargado por el Programa CYTED al Centro de Información y Documentación Científica del CSIC (España).  La base de datos utilizada ha sido la SCI.  El estudio está en fase de elaboración final y será publicado por el Programa CYTED.


 

Tabla 1 COPUBLICACIONES DE AMERICA LATINA 1991-95

Total
Copublicaciones

%
Publicaciones América Latina
%
Publicaciones Contrapartes
AL-USA 9,077 16,4 0,73
AL-UE 8,947 16,2 0,92
AL-IB 1,906 3,4 2,7
AL-AL 1,489 2,7 -

Ver Tabla 2  COPUBLICACIONES ENTRE PAISES DE AMERICA LATINA (1991-1995)


Tabla 3 EVOLUCION NUMERO COPUBLICACIONES AMERICA LATINA 1991-1995

Año No. total
publicaciones
No. total copúblicaciones entre América Latina %
de Copublicaciones
1991 8 936 231 2,59
1992 10 259 245 2,39
1993 10 902 264 2,42
1994 11 531 334 2,90
1995 13 494 415 3,08
Total 55 122 1 489 2,70

Tabla 4  COPUBLICACIONES DE ESTADOS UNIDOS Y LOS PAISES DE AMERICA LATINA
 (1991-1995)


Tabla 5 COPUBLICACIONES DE LA UNION EUROPEA CON PAISES DE AMERICA LATINA
 (1991-1995)


Tabla 6 EVOLUCION COPUBLICACIONES DE AMERICA LATINA CON USA Y EUROPA


Tabla 7 COPUBLICACIONES DE PAISES DE AMERICA LATINA CON ESPAÑA Y PORTUGAL
 (1991-1995)


Tabla 8 EVOLUCION COPUBLICACIONES DE AMERICA LATINA CON ESPAÑA Y PORTUGAL
(1991-1995)


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